cfacade21.jpg      Mi cottage en Escocia

Por fin me decido a escribir el primer post de Noviembre. Este retraso se debe básicamente a dos causas: la primera, que ahora trabajo a jornada completa (pero trabajar de verdad, sin perder el tiempo demasiado), hecho este histórico que no sucedía desde el año 2001 (lo de “a tiempo completo”, no lo de trabajar); y la segunda causa es que no tengo conexión ADSL, SDSL, HSDPA, ni de ninguna otra clase en donde me alojo, ya que la única posibilidad de tener broadband es un contrato draconiano con BT a dieciocho meses, que me niego a firmar.

La verdad es que mi estilo de vida ha dado un giro coperniciano en este último mes, porque al reintegrarme en el sistema de nuevo formo parte de una estructura social rígida, una gran coorporación educativa, un college que prefiero no nombrar aquí; y yo no soy en absoluto una persona que quiera -y pueda- llevar una vida convencional, con un trabajo de lunes a viernes, vacaciones, fondo de pensión de la empresa y todo lo de más. Me viene a la memoria la famosa obra de Max Weber: “The Protestant Ethic of Word and the Spirit of Capitalism”, donde cuestionaba seriamente el concepto de trabajo como valor moral, y la organización del trabajo en una sociedad capitalista. Grandes pensadores indios como Ghandi o Krishnamurti han concebido el trabajo como una forma de relacionarnos con otros seres humanos y crecer espiritualmente. Pero la realidad es bien distinta.

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 (Este es Max Web, que escribió su famosa obra en 1897, mientras se recuperaba de una depresión nerviosa)

Lo cierto es que para millones de seres humanos el trabajo no representa más que una forma de esclavitud. En las sociedades desarrolladas, se trabaja para consumir, y porque tampoco nos permiten vivir de otra forma. En los países en vías de desarrollo se trabaja simple y llanamente para poder sobrevivir.

Pero, dejemos este tema que sólo me conduce a crispación, y vamos a hablar de cosas más alegres.

 Uno de los propósitos que me hice al instalarme en Escocia es intentar ser fiel a cuanto aprendí en Totnes, en especial trata de vivir de un modo más racional, ético y sostenible. También me gustaría ser el transmisor de las nuevas corrientes de desarrollo sostenible aquí.  Fiel a estos principios, me he instalado en una pequeña aldea –village, como las llamamos aquí – llamada Saline, que está cerca de mi trabajo, y aún conserva todo su encanto rural.

El sitio donde me alojo se llama Balgonar Farm, una granja o manor con varios acres de terreno, propiedad de un matrimonio inglés que se dedica a la cría de caballos.  La verdad es que me han hecho una oferta extraordinariamente generosa porque puedo disfrutar de una auténtica cottege británica a un precio módico.

    Fiel a los principios de una economía de permanencia, intento comprar sobre todo productos locales, en particular verduras de los agricultores de la zona. También suelo comprar en tiendas locales, cdoublewindow.jpg evitando todo lo que puedo los grandes centros comerciales. La gran tragedia del capitalismo es que la rigidez de nuestros horarios laborales sólo nos permite comprar cuando salimos del trabajo, y sólo los grandes centros comerciales se hallan abiertos.  Sin ir más lejos, justo al lado del trabajo existe lo que aquí llaman “Retail Park”, un gran polígono comercial que incluye el consabido hipermercado´-Asda, que es uno de los grandes del sector en el Reino Unido `-, además de otras tantas macrocadenas dedicadas a la jardinería, electrónica de consumo, etc. Es la clase de polígono comercial que puede esperarse en una cultura de “suburbia”, donde el auto se convierte en el único medio de desplazamiento y lo único que pueden hacer los ciudadanos cuando no están trabajando es consumir.