Una vez leí en algún sitio que, paradójicamente, a veces es necesario marcharse para preservar aquello que se ama. Así ocurrió con Totnes, aunque hasta ahora no podía entenderlo.

Pienso en Totnes desde el silencio de la noche en Escocia, donde el aire es puro y gélido como un cristal de hielo, y la luna llena parece tan cercana que casi basta con extender la mano para tocarla…

Pienso en Totnes, en sus suaves colinas siempre verdes y cubiertas de niebla, por las que el río Dart discurre sinuoso hasta desembocar en Dartmouth, en sus acogedores cafés y bistros, en el mercado de los sábados…. ; en la extraña fortuna que me llevó hasta Devon,y me ligó a este pueblo durante cuatro años…

 

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Dartington Hall, Totnes

Totnes… Un pueblo rural de apenas diez mil habitantes en el sur del condado de Devon. ¿Qué es lo que hace tan especial ese lugar?…

Quizás sea el hecho de que Totnes es como un micro-universo paralelo en el corazón de la Inglaterra tradicional; un lugar donde la gente es amable y vive simplemente en el presente, sin crispación, sin prisas, fomentando la economía local y huyendo de la globalización. Totnes es el paradigma de lo que deberían ser todas las comunidades humanas (o lo que serán felizmente dentro de cien años): una sociedad que se esfuerza por vivir de modo sostenible, y que ha hecho del respeto y la tolerancia su ley. Pero quizás sea necesario explicar cómo la comunidad de Totnes ha forjado este carácter único a lo largo de los siglos.

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Totnes aparece rodeado de un aura mística ya desde su nacimiento: cuenta la leyenda que el pueblo fue fundado en el lugar donde Brutus de Troya, padre de la primera raza británica anterior a las invasiones de anglos y sajones, puso por primera vez el pie en tierra al desembarcar en Britain.

Énclave próspero en la época romana, el nombre de Totnes aparece ya en las crónicas del siglo X con el significado de “the fort or lookout on the nose or ridge of land’(algo así como “el fuerte o la atalaya en el margen del terreno”). Tras la invasión normanda, Totnes pasa a pertenecer al caballero Judhael -oficialmente su primer alcalde-, y en las crónicas medievales es mencionado como una población próspera dedicada al comercio de la lana.

La historia sigue su curso, más bien plácidamente, y a principios del s. XX tiene lugar el primero de los grandes hitos que transformarán Totnes en lo que es hoy: la fundación de Dartington Hall.

Dartington es lo que aquí se llama un estate, una vasta heredad rural situada a unas dos millas y media al noreste de la población. Vestigio de su pasado feudal, la propiedad fue comprada por el matrimonio Elmhirst (ella: rica heredera americana, el: inglés intelectual y no tan rico) con la intención de convertirla en una parnaso cultural y artístico. Hoy día Dartington Hall alberga el famoso Dartington College of Arts, centro universitario para las artes escenográficas, un cine independiente y un restaurante-pub famoso por su buena mesa, The White Hart. Los que han vivido en Inglaterra podrán apreciar que esto último (lo de la buena mesa) es toda una rareza.

Fiel al sueño de los Elmhirst, Dartington Hall es además sede de diversos eventos culturales durante todo el año, como el famoso festival literario “Ways with Words”, que se celebra a principios de Julio y en el que se dan citan primeras figuras de las letras británicas.elmisth.jpg

 

Si Dartington Hall reúne en torno a Totnes a artistas y filósofos, en el extremo sureste de la población y a orillas de los suaves meandros del río Dart, se levanta una mansión de piedra gris convertida ahora en un centro de estudios budista: The Sharpham College.

 

 

 

 

 

 El matrimonio Elmhirst

 

 

 Sharpham College es fruto de otro visionario: Maurice Ash, ligado además por vínculos matrimoniales con los Elmhirst. Maurice Ash es uno de esos filósofos excéntricos y altruistas a los que el mundo no recuerda sino por su otra. Pese a que la noticia de su muerte apareció a doble página en The Guardian, en Febrero de 2003, muy pocos británicos saben realmente quién fue Maurice Ash, y menos aún pueden ligar al personaje con Sharpham. Erudito y entusiasta del Buda Sakyamuni (como dato anecdótico cabe citar que Ash nació en Bodh Gaya, el mismo lugar de India donde el Buda histórico alcanzó la Iluminación), Maurice Ash fundó en los años 70, The Sharpham Trust, un ambicioso proyecto triple ubicado en el estate de Sharpham.

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La mansión deMaurice Ash, ahora convertida en Sharpham College

 

Originariamente Maurice Ash concibió Sharpham College, el buque insignia del Trust, como una shanga, una comunidad de budistas legos que compartían techo y meditación. Para ello, Ash prestó su propia mansión a la comunidad. Se trata de una impresionante mansión de piedra y mármol levantada a orillas del Dart, y cuya construcción se remonta a los tiempos de Elisabeth I. Debe decirse aquí que la práctica budista que los miembros de dicha comunidad realizan era entendida de forma muy sui generis. Como la idea era fundar una comunidad independiente, no inscrita en ninguna de las tradiciones budistas (theravada, mahayana, etc…), los componentes de la shanga eran todos más o menos “new born buddhists” legos, ello es: la mayor parte sesudos white british intelectuales, buscadores de la Luz y demás, los cuales, tras haber leído muchos libros sobre filosofías orientales y haber peregrinado indefectiblemente a India en post de la Iluminación, se convirtieron a las enseñanzas del Buda Sakyamuni. La así llamada Sharpham Community se mantuvó durante la década de los 80 con sus drop-ins y sus drop-outs, pero al final terminó como el rosario de la aurora: ello es, se disolvió por razones que serían largas de explicar aquí.

Cuando yo estuve viviendo en Totnes, la dirección espiritual de Sharpham College estaba en manos de John Peacock, director del Departamento de Estudios Budistas de la Universidad de Bristol, y en el centro se celebraban semanalmente conferencias y eventos sobre budismo. Debo decir que en el último año, la dirección estratégica del Trust ha cambiado completamente y ahora se orienta más a las actividades comerciales.

El Sharpham Trust también incluye una empresa de viñedos (responsable de los famosos vinos de Sharpham) y una fábrica de quesos. Ambas se hallan ubicadas al lado de la gran mansión que alberga el college. Los quesos de Sharpham están buenísimos, dicho sea de paso (no bebo alcohol, por lo que no puedo opinar de los vinos) y sólo cuentan con ingredientes naturales.

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La otra gran apuesta de Maurice Ash fue The Barn, una especie de Arcadia budista y auto-suficiente. The Barn es una maravillosa experiencia “holística” que puede entenderse de varias formas: bien como un centro de retiros en el que los residentes cultivan la tierra y aprenden labores agrícolas, o bien como una granja de cultivo ecológico, en la que los residentes siguen una práctica espiritual (no necesariamente budista), y se reúnen varias veces al día para meditar (cada uno siguiendo su religión).

Yo participé en el maravilloso proyecto de The Barn durante el verano de 2003 (fue así como descubrí la belleza de Totnes), y sólo puedo escribir palabras de gratitud para todos aquellos que hicieron posible esta experiencia, lo que incluye a los a la sazón managers: Sally MacCarther y Steve Wyse. Vivir en la comunidad de The Barn constituye una experiencia única (incluso con los inevitables madrugones para acudir a las primera meditación a las 7:30 a.m.). Creo que hasta entonces no me había dado cuenta de la artificialidad y la alienación que existen en nuestras sociedades urbanas.

Además de Sharpham y Dartington Hall, Totnes alberga también el famoso Schumacher College, en el que se imparten cursos sobre diversas disciplinas ligadas al desarrollo sostenible. Schumacher College debe su nombre al economista alemán E. F. Schumacher (en efecto, el autor de “Small is Beatiful” y “Buddhist Economics”) quien se decidió a fundar el college de la mano de Satish Kumar, curioso personaje totnesiano, ex-monje jainista reconvertido a new gurú de los greenies y new born buddhists, además de editor de la revista Resurgence

Con todos estos centros alternativos y la oferta cultural que ofrecen, no es extraño que Totnes es la población de Europa con más vegetarianos y budistas por metro cuadrado.

En definitiva: vivir en Totnes constituye una experiencia única, y los valores que allí aprendí permanecerán siempre conmigo.