Bueno, imagino que las grandes corporaciones americanas y europeas estar’an ya afil’andose las garras antes de lanzarse al gran pastel de Cuba.

Fidel Castro es un personaje controvertido, y no negaré que fue uno de los ídolos de mi juventud pseudo-comunista, cuando creía fervientemente en las promesas electorales del Partido Comunista Obrero Español. Se trataba de un comunismo veinteañero y, por lo mismo, puro, un tanto onanista diría yo, alimentado a base de las lecturas de La Pasionaria y algún que otro intento de leerme “El Capital” – aunque nunca llegué  entender muy bien el proceso ese de la plusvalia-, más que de haber vivido realmente en alguno de los países del entonces llamado “Bloque del Este”.

Como todo dictadura, la de Castro tiene cosas buenas y cosas malas. Entre las malas: los fusilamientos masivos de opositores (Los fusilamientos de La Cabaña, por cierto, fueron decididos y perpetrados por El Che Guevara), violaciones de derechos humanos, empobrecimiento de la economía (habría que ver hasta que punto esto no fue debido al bloqueo norteamericano).

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Entre las cosas buenas, no me cansaré de repetir que Cuba es el único país caribeño y uno de los pocos de la así llamada “America Latina” (nunca entenderé el epíteto de latina, porque se está refiriendo a un porcentaje muy pequeño de la población, de origen español, y no a la gran mayoría de población indígena y mestiza) que cuentan con un servicio de sanidad y educación gratuitos. Algo de lo que, mira por donde, carece un país del primer mundo como el Reino Unido, donde la Universidad es privada y no existen becas estatales, sino lo que aquí llaman “student loans”: créditos que los estudiantes cuyos padres no pueden costear su educación, tienen que devolver al final de sus estudios, cuando comienzan a ganar dinero. Ello significa que muchos jóvenes terminan sus estudios universitarios con deudas, y tienen que esperar 2 o 3 años hasta poder repararlas.

Otro de los logros de Castro lo hallamos en el ámbito del desarrollo sostenible. Cuba es uno de los pocos países del mundo que no depende de combustibles fósiles y que practica una economía local, basada en el poder del comunidad. Hay una película maravillosa sobre esto: “The Power of Community”.

Para terminar, aquí transcribo íntegramente el discurso de renuncia de Fidel Castro, y que cada uno saque sus propios conclusiones con respecto al personaje:

“Les prometí el pasado viernes 15 de febrero que en la próxima reflexión abordaría un tema de interés para muchos compatriotas. La misma adquiere esta vez forma de mensaje.

Ha llegado el momento de postular y elegir al Consejo de Estado, su Presidente, Vicepresidentes y Secretario.

Desempeñé el honroso cargo de Presidente a lo largo de muchos años. El 15 de febrero de 1976 se aprobó la Constitución Socialista por voto libre, directo y secreto de más del 95% de los ciudadanos con derecho a votar. La primera Asamblea Nacional se constituyó el 2 de diciembre de ese año y eligió el Consejo de Estado y su Presidencia. Antes había ejercido el cargo de Primer Ministro durante casi 18 años. Siempre dispuse de las prerrogativas necesarias para llevar adelante la obra revolucionaria con el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo.

Conociendo mi estado crítico de salud, muchos en el exterior pensaban que la renuncia provisional al cargo de Presidente del Consejo de Estado el 31 de julio de 2006, que dejé en manos del Primer Vicepresidente, Raúl Castro Ruz, era definitiva. El propio Raúl, quien adicionalmente ocupa el cargo de Ministro de las F.A.R. por méritos personales, y los demás compañeros de la dirección del Partido y el Estado, fueron renuentes a considerarme apartado de mis cargos a pesar de mi estado precario de salud.

Era incómoda mi posición frente a un adversario que hizo todo lo imaginable por deshacerse de mí y en nada me agradaba complacerlo.

Más adelante pude alcanzar de nuevo el dominio total de mi mente, la posibilidad de leer y meditar mucho, obligado por el reposo. Me acompañaban las fuerzas físicas suficientes para escribir largas horas, las que compartía con la rehabilitación y los programas pertinentes de recuperación. Un elemental sentido común me indicaba que esa actividad estaba a mi alcance. Por otro lado me preocupó siempre, al hablar de mi salud, evitar ilusiones que en el caso de un desenlace adverso, traerían noticias traumáticas a nuestro pueblo en medio de la batalla. Prepararlo para mi ausencia, sicológica y políticamente, era mi primera obligación después de tantos años de lucha. Nunca dejé de señalar que se trataba de una recuperación “no exenta de riesgos”.

Mi deseo fue siempre cumplir el deber hasta el último aliento. Es lo que puedo ofrecer.

A mis entrañables compatriotas, que me hicieron el inmenso honor de elegirme en días recientes como miembro del Parlamento, en cuyo seno se deben adoptar acuerdos importantes para el destino de nuestra Revolución, les comunico que no aspiraré ni aceptaré- repito- no aspiraré ni aceptaré, el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe.

En breves cartas dirigidas a Randy Alonso, Director del programa Mesa Redonda de la Televisión Nacional, que a solicitud mía fueron divulgadas, se incluían discretamente elementos de este mensaje que hoy escribo, y ni siquiera el destinatario de las misivas conocía mi propósito. Tenía confianza en Randy porque lo conocí bien cuando era estudiante universitario de Periodismo, y me reunía casi todas las semanas con los representantes principales de los estudiantes universitarios, de lo que ya era conocido como el interior del país, en la biblioteca de la amplia casa de Kohly, donde se albergaban. Hoy todo el país es una inmensa Universidad.

Fidel Castro Ruz

18 de febrero de 2008

5 y 30 p.m.