La presente escalada de violencia en Tibet, que se ha cobrado ya un total de 80 muertos, no me sorprende si tenemos en cuenta que se trata del desenlace que cabría esperar a la larga situación de l genocidio cultural y étnico desde que, en Marzo de 1959, las tropas del Ejército Popular de Liberación chino tomaran la ciudad de Lasha.

El problema de Tibet y de los refugiados tibetanos me es muy cercano pues en el año 2002 estuve trabajando como colaborador voluntario en el Departamento de Relaciones Internacionales del Gobierno Tibetano en el Exilio (Central Tibetan Administration, Dharamsala, India). Allí tuve ocasión de conocer en persona al Dalai Lama y varios miembros del entonces Gobierno en el exilio. También tuve ocasión de conocer en detalle la difícil situación de los refugiados tibetanos y las violaciones de derechos humanos en Tibet por parte de las autoridades chinas.

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Privados de su idioma, sus raíces culturales y derechos humanos tan básicos como el derecho a la educación o la libertad de expresión, un número cada vez mayor de tibetanos prefiere enfrentarse a los peligros de un viaje sin retorno hacia lo desconocido antes que permanecer en un país invadido, donde son condenados por las autoridades de Beijing a desempeñar el papel de meras “reliquias étnicas”.

Parte de mi trabajo entonces consistió en entrevistar a los nuevos grupos de refugiados tibetanos. Estas son algunas de las respuestas que recogí sobre la verdadera situación del Tibet.

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Puedes leer mi artículo completo en “Travellersbook.net”, artículos: Tibet

Dopu, guía de una de las expediciones clandestinas de refugiados:

Hábleme del viaje a través del Himalaya

D. Caminábamos durante más de diez horas al día. Durante dos días tuvimos que caminar toda la noche y dormir durante el día ya que era extremadamente peligroso. Como no podíamos utilizar linternas todos nos atamos con cuerdas; así, si un miembro del grupo se despeñaba los otros le recogían. Sólo parábamos para desayunar y cenar. Varios días nos llovió, llovió mucho… Las rocas resbalaban y no podíamos hacer un fuego para secar la ropa. Tuvimos que dormir con las ropas mojadas, apretados unos contra otros para darnos calor. Sí, todas las noches dormíamos sobre el suelo.

Recuerdo que tuvimos que bordear una gran montaña. Había nieve por todas partes y hacía mucho frío. Algunos no traían calcetines. Decidí que era mejor no detenernos hasta que no descendiéramos la montaña. Creo que también pasamos cerca del Monte Everest, pero no estoy seguro.

Hubo un momento en que nos quedamos sin comida. Sólo teníamos té negro y no podíamos encender un fuego para calentar el agua. Comíamos las bayas silvestres, plantas y todo lo que encontrábamos por el camino. Luego venían las diarreas con lo que nos debilitábamos aún más. Entonces nos encontramos un sherpa que nos cobró 500 rupias nepalíes (unos 6 dólares) por un plato de arroz. 500 rupias!…”

Thasi Dolma, 17 años, hija de campesinos tibetanos:

¿Por qué quería escapar de Tíbet?

T.D. “Porque quiero estudiar y quiero ver al Dalai Lama. En mi aldea nadie puede ir al colegio; mis padres son granjeros y no pueden pagar los 400 yuangs al mes (unos 48 dólares) que cuesta el colegio construido por los chinos. En Tíbet la gente no es feliz. Mi familia, mis amigos, toda la gente de mí aldea no son felices. Los chinos no se meten con nosotros, pero a veces pasamos hambre porque no podemos decidir sobre la forma de cultivar la tierra, no podemos decidir sobre nuestras propias cosechas.

Mis padres tienen una gran granja. Si pudiéramos decidir la forma de cultivar la tierra, tendríamos una cosecha de tsampa para todo el año, pero los chinos nos están obligando a que transformemos nuestras tierras de cultivo en pasto para el ganado. En nuestra aldea siempre se ha sembrado trigo, no tiene ningún sentido cultivar pasto para el ganado. El próximo año no habrá comida suficiente para todos y mucha gente pasará hambre”

Ngawa Sonam, monje tibetano:

Nunca he podido ir a la escuela porque mis padres no tenían dinero suficiente para pagarla” relata Ngawa Sonam, “En mi aldea, la matrícula en la escuela primaria puede costar unos 150 yuangs al mes (18 dólares) y la escuela secundaria unos 2500 yuangs mensuales (300 dólares). Los ingresos normales de un granjero tibetano son 4000 yuangs al año. Hasta donde conozco de mi comarca, muy pocos tibetanos pueden ir a la escuela. Sólo los hijos de los chinos acceden a la enseñanza superior. En mi monasterio no enseñan a leer y escribir porque casi nadie sabe.

Para los tibetanos no existe libertad religiosa, ni ninguna otra. Los soldados chinos están constantemente en nuestro monasterio, vigilando que en nuestras poojas (ceremonias religiosas) no se haga mención alguna al Dalai Lama. Es completamente absurdo. El Dalai Lama es el pilar de nuestra fe religiosa. ¿Qué clase de culto podemos celebrar así?…

En mi monasterio conocí a algunos monjes que habían peregrinado a Dharamsala y habían recibieron la bendición del Dalai Lama. Me quedé maravillado al saber cómo se vive en los monasterios tibetanos en India, sin vigilancia, sin tener que pedir permiso para celebrar cada ceremonia religiosa, sin que nadie decida el número de monjes en el monasterio, quién puede entrar y quién no… “

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