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La noticia saltó a los medios de comunicación provocando una ola de estupor e indignación en toda Europa: un austríaco, Josef Fritzl, de clase media y visiblemente inteligente, había mantenido secuestrada a su hija durante 24 años en un bunker construido bajo su vivienda, engendrando además en ella 7 hijos. En un continente de larga tradición judeo-cristiana como es Europa, el hecho se ha visto como una verdadera aberración, pero no tanto por privar a un ser humano de su libertad, sino por el componente incestuoso del mismo. Y sin embargo, el comportamiento de Josef Fritzl, puede explicarse de acuerdo a los impulsos que rigen el deseo sexual en los seres humanos, y su caso es más habitual de lo que puede creerse a primera vista, incluso en una sociedad cristiana como la nuestra.

Por supuesto, que nadie me interprete mal: no pretendo justificar moralmente lo que este hombre hizo. No existe justificación moral posible para alguien que priva a otro ser humano de su libertad, y le fuerza a tener relaciones sexuales sin su consentimiento, como parece ser éste el caso. No obstante, el incesto en sí, definido por el psiquiatra argentino Alberto Orlandini como “la práctica de relaciones sexuales entre personas de la misma familia, con parentesco sanguíneo de primer y segundo grado, o bien, político, no tiene necesariamente por qué ser violento ni desagradable para ninguna de las partes implicadas.

El incesto es una práctica común en todas las especies animales, y ha sido ampliamente tolerado por diversas culturas a lo largo de la historia. De hecho, su connotación como tabú sexual tiene lugar con la aparición de las llamadas “religiones abrahamicas”: judaísmo, cristianismo e islamismo. El incesto se condena ampliamente en la Biblia, si bien algunos pasajes recogen ejemplos del mismo, como es el caso de las hijas de Lot holgando con su padre. En la mitología hindú, es una relación incestuosa la que trae la maldad al mundo, cuando Brahma yace con su hija, la primera mujer creada. Aunque el llamado Pali Canon no es especialmente explícito sobre el tema, tampoco en los países de tradición budista se toleran las relaciones sexuales entre parientes de primer grado, padres, hijos o hermanos. Y sin embargo, los faraones del antiguo Egipto solían desposarse entre hermanos. Y las dinastías incas del Tawantinsuyo también mantenían esta práctica, igualmente habitual en culturas tribales de África

incesto

El incesto como apareamiento sexual y realizado de forma consentida, ¿es en sí mismo bueno o malo?… Interesante pregunta. En primer lugar, conviene recordar que la biología no contempla en sí misma valores molares. Los impulsos primarios de los seres vivos son comer, reproducirse y dormir. Punto. Son los valores religiosos y culturales de cada sociedad histórica los que determinan la moralidad de los actos humanos.


Una de las razones en contra del incesto esgrimidas por las culturas que lo han condenado es la genética: los individuos nacidos de las uniones entre parientes de grado próximo tienen más probabilidades de desarrollar taras genéticas que los nacidos entre individuos sin lazos consanguíneos. De ahí que las religiones correspondientes a pueblos belicosos y guerreros, como el judaísmo o el islam, lo condenen: para hacer la guerra con los vecinos, mejor producir los mejores guerreros. Curiosamente, muchas de las culturas que favorecían el incesto de sus monarcas, lo hacían para preservar los orígenes genéticos de los mismos. El Faraón y el Inca eran descendientes directos de “los dioses”, y por lo tanto no podían mezclar su sangre con la de los simples mortales, sino que debían preservar dicha herencia sagrada.

Y la psiquiatría occidental? Cómo clasifica el incesto?… No existe consenso sobre el tema entre los psiquiatras occidentales. Mientras que los profesionales de clara orientación cristiana consideran el incesto como resultado de una obsesión sexual incontrolada, son cada vez más numerosos los psiquiatras que niegan el término “normalidad” en cuanto a sexualidad se refiere, y consideran el incesto de mutuo acuerdo como una práctica sexual más.

Ahora bien: cuándo el incesto es abuso sexual y cuando es consentido?… No existe una respuesta fácil para esta pregunta, porque muchas relaciones incestuosas pueden iniciarse con una cierta coacción y violencia al principio, y derivar en una relación placentera con el tiempo. Los doctores Murueta Reyes y Quiroz Pérez de la Universidad Nacional Autónoma de México coinciden en que el incesto se genera en la mayor parte de los casos con una violación. Sin embargo, coinciden igualmente en afirmar que conforme pasa el tiempo, la víctima inicial entra en una fase de aceptación, y no sólo no evita, sino que busca adrede situaciones en las que se produce el incesto. En muchas ocasiones, la relación incestuosa no implica necesariamente la penetración: se dan numerosos casos en que las hermanas masturban a los hermanos, y viceversa, e incluso entre madres e hijos. Puedo mencionar que, cuando viví en India, me encontré con una boliviana que había perdido la virginidad con su hermano. No solamente no fue un hecho traumático, sino placentero, ya que siguieron manteniendo relaciones sexuales hasta que cada uno de los dos tuvo una pareja sexual estable, y aún después.

Que cada uno saque sus propias conclusiones. Una cosa es clara: el incesto, como tabú sexual, ejerce una innegable fascinación en la psique humana.