El verano ha llegado por fin a Escocia, y de momento, por aquí sigo. No sé sabe si hasta el 18 de Julio, fecha de terribles connotaciones kármicas en España. Mi jefa habrá decidido entonces si me contrata -merced a mis habilidades tecnológicas y de alta consultoría ex Telefónica -, o me despide -merced a mis excentricidades varias, como mi notoria tendencia al silencio y la soledad. Come what may…, como dicen por aquí.

Mientras tanto disfruto de los largos días de verano en Fife, la región de Escocia donde vivo y trabajo. El condado de Fife -que tradicionalmente recibe la categoría de Kingdom of Fife por ser la cuna de los antiguos monarcas de Escocia – ocupa la costa noreste de Escocia (véase mapa explicativo adjunto), sirviendo de nexo entre Edimburgo y la llamada “Lothian and Borders” – región industrializada y con una predominante clase media en la frontera con Inglaterra -con el norte del país, todavía predominantemente rural y de menor renta per cápita, salvo las ciudades de Aberdeen y Dunde.

Eclipsado por el cosmopolitismo de la vecina Edimburgo y la grandiosidad de las Highlands, el reino de Fife ha sido injustamente ignorando por visitantes y viajeros, tanto extranjeros como ingleses, que prefieren continuar su viaje por la autopista M9, en la ruta hacia Inverness, Loch Lommnod or el archifamoso Loch Ness. Y sin embargo, el reino de Fife constituye un verdadero tesoro inexpoliado, que aún preserva las tradiciones de la verdadera Escocia en un marco natural que nada tiene que enviar a las Highlands.

Fife es el tercer municipio de Escocia en cuanto a población se refiere (unos 360,000, habitantes de acuerdo al último censo oficial). Una población tradicionalmente de clase obrera, con un porcentaje de desempleo relativamente alto (3.8% de acuerdo al informe del National Health Service de 2002), y unos hábitos alimenticios no precisamente alagüeños.

El perfil típico de un habitante de Fife es el siguiente: bajas calificaciones escolares (normalmente abandonan el colegio sin ningún “A level”, para aprender un oficio técnico en un college), higiene personal pobre (es raro que se cepillen los dientes más de una sola vez al día), y una dieta alimentacia todavía peor, a base de sausages, haggis (plato típico escocés con vísceras de cordero y avena), fish & chips, y una ingesta orgiástica de grasas hidrogenadas varias en forma de f”ast food”. Tales hábitos no pueden sino derivar, como es lógico, en problemas de salud. Enfermedades como la obsesidad y la diabetes son comunes en Fife, incluso entre la población menor de 40 años. El alcoholismo constituye otra de las lacras sociales no sólo de Fife, sino de toda Escocia.

Restos de la antigua catedral medieval en Saint Andrews

Pese a todas estas deficiencias, los habitantes de Fife son honestos, honrados y amables con los extraños. También pueden ser tan efusivos y amantes de la parranda como los latinos o mediterráneos. En este sentido, la sociedad de Fife es muy tradicional. La familia es el pilar básico de la sociedad, y una buena parte del tiempo libre se emplea activididades sociales, que incluyen la familia o el grupo de amigos. Es una sociedad muy semejante a la española de los años 90, cuando fui a la universidad en Madrid. Una sociedad donde los principios cristianos se hallan muy arraigados y la Iglesia de Escocia, de corte episcopaliano, aún desempeña un peso importante en la vida pública, en comparación con la casi extinta Iglesia de Inglaterra.

Este es el “Sporran“, la bolsita clásica del kilt escocés hecha de cuero y que también incluye pelo de animales (como el conejo). Dado que el tradicional kilt escocés no tenía bolsillos, el sporran se empleaba como wallet o monedero. El Sporran cubre la zona genital y se cree que está asociado con antiguos ritos celtas para preversar el honor -decency – de quien lo lleva.

Como en la mayor parte de los países, en Escocia es casi un rito obligado ir al “pub” los fines de semana, de tal suerte que quien no va es porque:

a) es un “new born christian” (lo que incluye también new born buddhist), esto es pertenece a algún grupo cristiano renacido y por lo tanto no bebe.

b) es un ex-alcoholico.

c) es simplemente asocial.

(Personalmente yo me incluyo en las categorías a), c) y ligeramente en la b) )

Además de beber, a los escoceses de Fife les gusta bailar una especie de danzas vernaculares denominadas “ceilidh“, palabra que ni los mismos ingleses saben deletrear y que se pronuncia como “keeli”.

Las vidas de los habitantes de Fife se enmarcan en un paisajes idílico, de colinas sinuosas y siempre verdes (donde predomina el cultivo de cebada), arroyos abundantes y lagos de modestas dimensiones y aguas siempre mansas y cristalinas

Los amantes de la Historia medieval tienen una cita obligada con la ciudad de Dunfermline, antigua capital de Escocia cuando Edinburgo no era más que un enclave fronterizo en el fiordo de Forth, donde eran coronados los reyes de Escocia. En Dunfermline se hallan también los restos de la antigua abadía benedictina cuya construcción sufragó la reina Margarita de Escocia, piadosísima, apostólica y romana.

Otra interesante ciudad para visitar  es Saint Andrews, ciudad considerada la cuna del golf y donde existe un museo dedicado al mismo. Cuenta la tradición que Saint Andrews alberga la tumba del apostol del mismo nombre -esto es, San Andrés -, cuyas reliquias fueron traídas a Escocia por Saint Regulus-Rule (figura esta última mítica) en el s. V.

En Saint Andrews puede visitarse además el Jardin Botánico.

Jardín Botánico en Saint Andrews.

Campos de cebada (???) listos para la cosecha a principios de verano