jean-charles-de-menezes28jul05

Se llamaba Jean Charles de Menezes y había nacido en una aldea rural, en el  estado de Minas Gerais, en Brasil. Se llamaba Jean Charles de Menezes, y era un niño curioso e inteligente que sentía fascinación por los aparatos eléctricos. Dejó su aldea a los 14 años para estudiar en Belo Horizonte, y más tarde en Sao Paulo, y un año antes que yo, en 2002, vino a Londres atraído quizás, como tantos otros, por el calor de la especie y la promesa de un futuro supuestamente mejor. Como yo, se trataba de un Plan B, tras haber fallado el Plan A, que era conseguir la visa en los Estados Unidos.

Se llamaba Jean Charles de Menezes, y el 22 de Julio de 2005 recibió 7 disparos en la cabeza, en la estación de tube de Stockwell, cuando se dirigía a su trabajo desde su casa de Tulse Hill. Sólo tres años más tarde, tres años de inquest, hearings y agónicos procedimientos judiciales, sabemos que no realizó ningún movimiento sospechoso. Y lo sabemos porque en el transcurso de la última inquest, cuyo veredicto se hizo público el 12 de Diciembre, de 2008, la opinión pública pudo por fin conocer el testimonio de los testigos del tiroteo.

Y sin embargo, no fue esa la versión que circuló en la prensa y las televisiones en los días que siguieron al fatídico 22 de Julio. Lo recuerdo muy bien porque el Reino Unido se hallaba entonces en plena efervescencia del llamado “síndrome del terrorismo islámico”, tras los atentados del 7 de Julio. Tabloides como el Daily Mirror o el Daily Express llenaban sus páginas de patriotismo barato llamando a los good law-abiding citizens ( buenos-ciudadanos-amantes-de-ley) a la caza de brujas de sus vecinos musulmanes -ah, qué ingratos estos musulmanes, con lo que hemos hecho por ellos en este país, y fíjate cómo nos lo pagan-; mientras que en The Independent, sus columnistas trendy-lefties pretendían contrarrestar la campaña de indignación de los buenos ciudadanos, puntualizando que no todos los musulmanes son terroristas, y que, en último término, Israel tiene la culpa de todo.

El entonces High Commissioner of London, Sir Ian Blair, salió varias veces en las televisiones para apoyar a la Policía Metropolitana de Londres y para repetir hasta la saciedad que en todo momento se había seguido el procedimiento aprobado para estos casos, y refrendado por la nueva legislación anti-terrorista. En efecto: se había seguido la ley el procedimiento, everything lawful. Y nuestros Gobiernos autorizan a nuestra policía a disparar sobre ciudadanos desarmados, que no hacen gesto sospechoso alguno, cuando los ciudadanos desarmados son confundidos con terroristas suicidas.

Los testigos del tiroteo han reconocido en la inquest que en ningún momento ni C1 ni C12 -como se conoce a los dos agentes de la policía metropolitana responsables de los disparos- gritaron “Armed Police como debe hacerse en todos los demás casos. No tenían obligación alguna de identificarse, como después se ha sabido, porque el procedimiento indica que si un terrorista suicida sospecha que le están siguiendo, puede activar la bomba adherida a su cuerpo. Luego el action plan para estos casos es neutralizar como sea al terrorista suicida. Como sea. Jean Charles de Menezes había perdido su identidad para los ínclitos agentes C1 and C12 -que en todo momento se limitaron a hacer lo que les habían enseñado a hacer-, y se había convertido en el terrorista Hussain Osman.

Si todo hubiera salido como indica el procedimiento, C12 y C2 habrían librado a Great Britain, y al mundo de paso, de un peligroso malhechor, hecho éste que les haría merecedores de una medalla y las felicitaciones de Sir Ian Blair y hasta el entonces Primer Ministro, Tony Blair. Pero no: las cosas salieron mal. A veces el procedimiento no explica qué hace un idiota completamente inocente e indefenso en el lugar equivocado y en el momento equivocado.

Pero sobre todo, el procedimiento no explica por qué a los ciudadanos de a pie se nos ha manipulado de tal forma como para haber visto aprobadas legislaciones antiterroristas, al amparado de las cuales, se comenten actos arbitrarios como éste; legislaciones que, tan sólo hace diez años antes del “día que cambio el mundo”, antes de que nos adoctrinaran en el miedo y la paranoia terrorista, se habrían considerado más propias de un Estado fascista que de una verdadera democracia.

Porque, cuando las cosas salen mal, las arbitrariedades de la ley y sus procedimientos salen al descubierto, y la force, los cuerpos de seguridad del Estado que, curiosamente, velan por nuestra seguridad sin habernos preguntado nunca, se tapan unos a otros como pueden. No resulta extraño que Harriet Wristich, el abogado de la familia Menedes, acuse a los agentes de la policía metropolitana de haber cometido perjurio en sus declaraciones: “There was certainly evidence of perjury by certain officers and the CPS (Crown Prosecution Service) should look at it again at this stage and I am sure they will.” (The Guardian, 12 Diciembre 2008).

Tras tres largos años de vistas e investigaciones internas, los cinco hombres y mujeres que formaban el jurado de la última inquest han decidido cerrar el caso con el veredicto de “Open Veredict“, en lugar de unlawful killing, que era el que pedía la familia Menezes.

No hay ningún procesado en el caso Menezes. C12 y C1 eran meros peones en la tragedia; la misma carne de cañón de la que están hechas nuestras fuerzas armadas y nuestra policía, a quienes se les enseña  a obedecer ciegamente a sus superiores y que la posible moralidad de los actos humanos viene determinada por la Ley y los decretos del Gobierno. Pero las cabezas pensantes, Sir Ian Blair, ni ningún alto cargo de la London Metropolitan Police, tampoco dimitieron ni han sido procesadas. El sucesor de Ian Blair, ha admitido que “se cometió un error” (“We made a terrible mistake – I am sorry,” he said. “Our duty then as is now is to ensure that this organisation learns from the events to minimise the chances of it ever happening again“, The Guardian), pero nada más.

Jacqui Smith, la actual Home Secretary, ha expresado sus condolencias a la familia , y el colonel que investiga el caso, Sir Michael Wright,  lo ha calificado de trágico suceso, pero nada más: “It is only right that these proceedings conclude with me expressing sincere condolences to the family of Mr De Menezes. On any view in this case, this was a tragic and terrible event, the killing of an entirely innocent young man.” Punto final.

  • No queremos las “condolences” de nadie, ni queremos chivos expiatorios cuando  los verdaderos responsables del asesinato de este joven inocente son los autores intelectuales de las leyes antiterroristas que lo ha hecho posible.
  • Queremos que nuestros Gobiernos sepan que cuando hablan de “guerra contra el terror” no hablan en nuestro nombre. Que sus legislaciones no nos representan en absoluto, ni hemos entregado nuestra libertad a sus fuerzas armadas, como corderos enviados al matadero.
  • Queremos que nuestros Gobiernos sepan que no nos representan en absoluto, y que sus pretendidas “democracias occidentales” son en realidad Estados semi-fascistas.