El sábado fui a ver la nueva película de Sam Mendes-Revolutionary Road- en Film House, uno de los pocos cines independientes con que cuenta Edinburgo,  que es además la sede del Festival Internacional de Cine que se celebra durante el verano.

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Sam Mendes, cineasta de impecable factura  técnica, ya había mirado  bajo la alfombra del aséptico y tan  añorado American Dream en películas como la inolvidable   “América Beauty“. En cierto modo, Mendes repite temática, esta vez haciendo retroceder en el tiempo a  la perfecta familia WAPS – interpretaba en American Beuarty por Kevin Spacey y  Annette Bening – , en concreto, a los años 50, en el asfixiante  verano en los suburbia de Connecticut.  En Revolutionary Road, Mendes repite también compositor, Thomas Newman. En las dos películas, la banda sonara juega un papel clave para introducirnos en la psicología de los personajes y hacernos sentir la influencia asfixiante de su entorno.

Mendes consigue además reunir, una década más tarde, al duo protagonista de “Titanic”. Pero Leonardo y Kate demuestran  más que con crecres que han dejado atrás la pareja de niñatos cuya tragedia acuática arrancaba las lágrimas a las amas de casa de medio mundo, para convertirse en un par de actores extraordinarios. A Kate Winslet se la denomina ya en algunos medios “the new Mery Street”, por su versatilidad como actriz y su talento interpretativo.  Resulta significativo que el propio Carlos Boyero, uno de los  críticos españoles más incisivos, dedicara a Kate una columna en el Pais.com, con el título de “Tan joven y tan sabia“, comparando a la anterior con grandes actrices británicas como Vanessa Redgrave o Judi Dench.

Lo verdaderamente maravilloso del cine es que las películas que nos impactan son aquellas que nos hacen pensar, al menos a mí. “Revolutionary Road” presenta una temática que me es muy afín: la sed de transcendencia, de libertad, la búsqueda de verdaderos valores por los que vivir la vida, más allá de la rutina mortal del trabajo, los hijos, la casa, el ocio de los fines de semana,etc…

La historia de April y Frank Wheeler es un espejo de las  encrucijadas a  las que nos enfrentamos todos: el matrimonio de clase media vencido por el peso de la mediocridad cotidiana. La rabia y la frustación April-magistral  Kate- es la rabia y la frustación que todos sentimos en determinados momentos de nuestras vidaw al comprobar cómo los años se van pasando sin que sepamos realmente lo que es  vivir.

La idea salvadora de marchar a París  no es sino la metáfora de viaje:  romper con toda la monotomía y la rutina para enfrentarnos a lo desconocido, muchas veces en un país lejano. La huída de lo cotidiano es la búsqueda de nuestro propio ser. El Buddha abandona su precioso palacio y la comodidad de su hogar para descubrir la verdadera razón de su existencia. Los chamanes marchan al desierto y los yogis a las cuevas del Himalaya. El cambio es la esencia del Universo y  todo lo que se estanca muere…

En la película vemos cómo los personajes  sólo vuelven a estar vivos de nuevo cuando deciden romper con el conformismo y la normalidad de su suburbia de Connecticut para marchar a París. “I just felt alive” dice Frank cuando comenta su estancia en París durante la guerra.  Curiosamente, ninguno de sus conocidos entiende el por qué de este viaje, sólo un pobre loco, el hijo alienado de la antigua state agent de los Wheeler es capaz de comprenderlos, sólo el conoce “the hopeless emptiness of their current existance”.

Y sin embargo, aunque aún existe esa posibilidad de rendención, los Wheeler -en concreto Frank- no consiguen librarse de la telaraña de la mediocridad: Frank tiene noticias de un posible ascenso en su trabajo, y April le confiesa que está embarazada, lo que dificultaría las cosas para empezar su nueva vida en París.  Frank decide claudicar ante las circunstancias y aceptar el hijo y la promoción. Sólo el espíritu rebelde de April se mantiene firme en la decisión de practicar un aborto-esto último no lo comparto, porque pueden tener el hijo en París perfectamente- y marchar a París.

La diferencia de opiniones conduce a una brutal discusión entre los esposos, exarcebada por el hecho de que Frank le confiesa a April su infidelidad con una compañera de trabajo.

El desenlace de Revolutionary Road me recuerda irremisiblemente los versos de Robert Frost ” The Road Not Taken”, que en español se tradujo como “El camino que no tomamos”:

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
two roads diverged in a wood, and I —
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference
.”

Yo tomé la otra carretera, querida April-Kate, la que no te dejaron tomar, la que te hubiera conducido a París. Y te puedo decir por mi experiencia, que a lo mejor tampoco hubiera colmado tu sed de infinito.

El viaje es largo y terriblemente duro. Crees que tiene un final, pero no, tú vas creando el camino… Es la mente la que lidera el camino, igual que las ruedas del carro siguen las pisadas del animal que lo hace mover. como dice el Dharmapada….